viernes, 3 de julio de 2009

Emprendedoras


Ya hace varios meses que estoy colaborando con la revista Yo Dona. Se trata de una sección muy agradecida, Info Emprendedora, que cuenta la historia de una empresa joven creada por una o varias mujeres. Mañana aparece una de mis colaboraciones, sobre Ensanchez, una tienda y marca de bolsos creada por dos hermanas. Y el próximo sábado, Dal Bat, una marca de ropa de una joven granadina.

No todo es moda, porque de hecho ya aparece mucho sobre el tema a lo largo de la revista, un suplemento que se entrega los sábados con el diario El Mundo. Anteriormente he escrito, por ejemplo, sobre las arquitectas de Habitar Arquitectura, que aparecen en la foto mientras eran fotografiadas por el fotógrafo, Aníbal, en la Posada del Dragón, que están restaurando en la Cava Baja de Madrid. También sobre las hermanas Alfonso, que dirigen el Instituto Tecnológico PET, en el que se fabrican los radiofármacos que se inyectan a los pacientes que se van a someter a un TAC.

En este blog suelo ir añadiendo, a la derecha, miniaturas de esas páginas publicadas con enlaces a sus webs, a medida que las voy escaneando. Pero para leer la sección hay que comprar el periódico el sábado, porque no la cuelgan en la web.

jueves, 28 de mayo de 2009

Al infierno los obispos

Lo poco que me quedaba por ver de los representantes de la iglesia católica en España lo ha publicado hoy el Abc en su suplemento Alfa & Omega, que edita el arzobispado de Madrid, según leo en elpais.com. Airados como están los obispos por haber sido excluidos de la vida política y por haber perdido la influencia de que gozaron en los años del franquismo, arremeten ahora contra la nueva ley del aborto, y lo hacen empleando argumentos de tertuliano chillón de programa banal de canal de televisión cutre.

En concreto, el redactor jefe de la publicación considera más grave el aborto que la violación, que, en una sociedad en la que, dice, el sexo se banaliza y se disocia de la procreación, podría considerarse un rato de diversión obligada. Con ésta y otras burradas que suelta este personaje, mi opinión hacia los máximos representantes de la iglesia católica en España no hace más que empeorar. Me pregunto si no se puede empapelar a este supuesto periodista por hacer apología de la violación.

Todo esto ocurre el mismo día que uno de los susodichos obispos, Antonio Cañizares, destacado en Roma como cardenal prefecto de la Congregación por el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ha pedido perdón por los abusos cometidos contra menores en las escuelas católicas irlandesas entre los años cincuenta y ochenta pero, lejos de callarse, su boca, como si fuera la de un animal irracional, ha soltado que aquellos abusos son menos graves que los “millones de vidas destruidas por el aborto”.

Hay mucha gente, lo sé, que trabaja y cree en la iglesia católica, que hace buenas acciones y ayuda a los necesitados y tiene unas ideas que, como las el resto de los mortales, puede discutir, al menos aquellos que tienen la suerte de vivir en democracia; no es el caso de los obispos, cuyas almas parecen corrompidas y renegadas por la libertad de culto y de pensamiento.

No voy a dar aquí mi opinión sobre el aborto, no al menos hoy. Hoy sólo quiero que quede claro que en mi opinión, si hay un infierno, que se lleve, ya, a los obispos a penar.

martes, 19 de mayo de 2009

Spam telefónico


Cuando era un crío, el teléfono –el fijo, por supuesto; no había otro– era algo imprescindible en cualquier hogar, pero no por ello se abusaba de él. Su uso quedaba restringido a llamadas familiares y necesidades puntuales. Para las relaciones personales estaban la calle y, a distancia, las cartas, que tanta ilusión hacía encontrar en el buzón al llegar a casa al mediodía. Sí es verdad que, al llegar la adolescencia y los primeros tonteos con las chicas, la factura del teléfono subía. En mi casa no había restricciones como las que tenían algunos amigos y compañeros de colegio, a los que recriminaban incluso las llamadas entrantes, quién sabe si por creer que también había que pagarlas o, más bien, para evitar que se le cogiera cariño a un aparato que no era especialmente barato.

Yo no fui nunca muy amigo del teléfono, y quien me conoce sabe que a través de él no me muestro especialmente hablador; no tengo una explicación consciente, pero no me apasiona. Cuando llegó la moda de los teléfonos móviles –al principio era eso, una moda–, me resistí a tener el mío. Hasta que la revista donde trabajaba cerró y pensé que, en pleno verano, si quería volver a la playa de la que había tenido que ir apresuradamente a Madrid y, al mismo tiempo, ponerme a buscar trabajo, me vendría bien estar localizable.

Han pasado los años y mi factura de móvil sigue siendo discreta. Casi me siento un bicho raro porque recurro a los mensajes escritos en pocas ocasiones. Y, claro, recibo muy pocos. Eso sí, casi diariamente (entre cuatro y cinco veces por semana en los últimos dos meses) me llegan mensajes de Movistar, ofreciéndome servicios que, por lo que llevo aquí escrito, es fácil deducir que no me interesan en absoluto. También me llaman por teléfono, y les he explicado por activa y por pasiva que no me interesan este tipo de ofertas, ninguna, que si quiero algo, ya les llamaré yo. ¿Han dejado de llamarme?

No dejan de llamar, y se suman a las llamadas, al fijo y al móvil, de Orange y Vodafone, pero también a las ofertas de ADSL de Jazztel y todo el rosario de operadores que han ido surgiendo. Además, está el horario de trabajo que tienen estos comerciales. He recibido llamadas a las cuatro de la tarde, a las diez de la noche y en horas igual de intempestivas incluso en fin de semana. Y he tenido la educación –y la santa paciencia– de no colgarles, de explicarles que no me interesa cambiar nada, que no son horas de llamar y que lamento que tengan que trabajar en ese horario. Nada sirve, siempre tienen un arma con la que contraatacar. La educación es respondida con frases del manual que les ponen delante cuando llegan a su puesto. Hasta el punto, y eso no sé si está en el manual, de que algunos llegan a ser impertinentes y a decir lindezas como: “¿Me está diciendo que prefiere seguir pagando más en lugar de aceptar lo que le ofrezco?”, como el que te pregunta si eres idiota. Quizá lo sea, aunque también sé que no te leen la letra pequeña que restaría atractivo a su oferta. Pero lo absolutamente cierto es que, si me dejara llevar, cambiaría de operador cada dos meses, y no precisamente para dejar de pagar una de las tarifas de ADSL más caras de Europa.

El otro día fui yo quien llamó, en este caso a Telefónica, para que dejaran de cobrarme cinco euros por el alquiler del teléfono que tengo en un cajón desde hace dos años. Me ofrecieron que lo comprara por 2,95 euros. Ahí lo tenéis, lo he sacado para hacer la foto.

Aparte queda la dificultad para darse de baja de muchos de estos operadores, a pesar de las imposiciones que se les han ido fijando desde la Administración para evitar prácticas abusivas. Por mi parte, seguiré tratando de cortar esta invasión desde mi modesta casa, aunque es posible que sea mejor hacerlo colgando abruptamente que tratando de ser amable con quien al otro lado del hilo trata de venderme su moto.

Este molestísimo spam telefónico se ha convertido en una plaga, y hay quien defiende el argumento de que crea puestos de trabajo. Yo, la verdad, no defendería que se contratara a gente para dar latigazos a los transeúntes, empujar a la gente a las vías cuando se acerca el tren o aparcar sus coches en pasos de peatones.

lunes, 20 de abril de 2009

Los problemas de la enseñanza



Vuelvo a esta esquinita después de unos meses en los que el trabajo me ha tenido más ocupado, además del curso y las prácticas del CAP, que ya he aprobado. Pero no ha sido mi experiencia en la obtención del certificado de aptitud pedagógica lo que me ha decidido a escribir sobre la enseñanza. Ha sido, más bien, el recuerdo de la experiencia docente de mi padre, que serviría para escribir la historia de la enseñanza en España en los últimos 40 años, y también haría su aportación como estudio sociológico del que podríamos extraer muchos y valiosos datos.

Durante mucho tiempo, desde que los gobiernos de Felipe González abordaron la reforma de la enseñanza, mi padre y yo hemos debatido sobre el tema, aunque más bien podría decirse que he asistido a sus lecciones. Y es que la gran certeza que los políticos, tanto el mencionado como sus sucesores, han olvidado –u obviado–, es que son los propios docentes los que conocen la materia y saben cómo hacerla funcionar para evitar lo que en los últimos años se ha vuelto tan común: fracaso escolar, violencia en las aulas y fuera de ellas, drogas...

Cuando se van a cumplir seis años de la jubilación de mi padre, todo esto volvió a la memoria familiar el pasado miércoles, caminando por el paseo marítimo de Cádiz, donde nos encontramos con uno de sus compañeros de fatigas, Pedro Parrilla, catedrático de historia. En los pocos minutos que el tiempo nos dio de tregua –la foto es de otro día, mucho más soleado– hasta que las nubes decidieron descargar violentamente lo que venían largamente anunciando, Pedro nos contó cómo su vocación venía heredada de sus abuelos, padres y tíos, se había transmitido a siete de sus hermanos y él mismo, casi sin quererlo, se la había contagiado a sus dos hijos. Un resumen bien detallado lo podríamos encontrar, nos anunció, en La Voz de Cádiz del domingo anterior, en una entrevista que le habían hecho con motivo de su reciente jubilación. Como no tiene desperdicio, incluyo un enlace para quien quiera leerla.

No hacía ni una hora –es lo que tiene ir a Cádiz con mi padre–, habíamos estado charlando con un ex alumno de aquellos primeros años en los que comenzó a enseñar inglés, además de literatura, francés... y de dirigir el grupo de teatro, llevarlos de excursión... Las batallitas recordadas con uno y otro me hicieron reflexionar, una vez más, sobre el cambio tan drástico que ha sufrido la enseñanza, que ha llevado a unos excelentes y motivados profesionales a prejubilarse para huir de un ambiente hostil y de un alumnado conflictivo y enemistado con todo lo que pueda suponer disciplina o respeto a los demás.

Y comparo lo que me decían en las clases del CAP –“los grupos más conflictivos se deben dejar a los profesores más experimentados”–, es decir, la teoría, y la realidad de la inmensa mayoría de los institutos, en que el último en llegar, literalmente, se tiene que comer el marrón. Mi padre, puedo presumir, fue de los pocos que afrontaron la responsabilidad de ocuparse de los grupos más conflictivos, pero la realidad más común es bien diferente, y explica la multiplicación de las bajas por depresión de profesores titulares e incluso, a veces, de sus sustitutos, lo que conduce a la figura del sustituto del sustituto.

Señores políticos, cuando decidan poner en manos de los docentes la gestión de la enseñanza, empezaremos a ver resultados positivos. Y hablo de docentes experimentados, no de los que emplean sus puestos para medrar políticamente y apenas imparten unas horas de clase para justificar su sueldo.

miércoles, 7 de enero de 2009

Por qué MSF


No me gusta hacer proselitismo porque sí, ni presumir. Pero el hecho es que hasta hace un año, más o menos, me planteaba la posibilidad de aportar una pequeña cantidad mensual a alguna ONG, y me preguntaba constantemente a cuál. Algunas han adquirido mala fama por supuestas –o demostradas– malas prácticas en la gestión de sus fondos o en la práctica de sus actividades. Otras tienen muy marcada su adhesión a partidos, sindicatos o religiones. Y yo no quería nada de eso, quería ayudar a una ONG que ayude a los demás, y punto, sin pedir nada a cambio, ni siquiera un reconocimiento especial que haga más famosos o atractivos a sus representantes a ojos de los demás.

Mi conclusión, después de informarme ampliamente, coincidió con mi idea inicial. Escogí Médicos sin Fronteras no por su premio Nobel de la Paz, de 1999. Lo hice porque los veo a menudo en las noticias, porque me gusta conocer la realidad internacional y allá donde hay un conflicto, veo a gente valiente que está allí para ayudar, no a un bando o a otro, sino a las víctimas, que no tienen color sino sufrimiento.

El año pasado MSF obtuvo un Goya por el documental Invisibles, y eso también le dio notoriedad, pero hubo mucho más, desde las campañas de vacunación a la ayuda prestada en diversas emergencias, además de sus misiones permanentes. Un resumen de su labor en 2008 se puede ver en un vídeo que, por su peso, no puedo colgar en este blog, pero que se puede ver pinchando aquí.

Todo esto se puede hacer aportando tan sólo diez euros al mes, gracias a que tiene 3,8 millones de socios. Pero aunque parezcan muchos, no lo son. Aún hace falta más, así que aquí enlazo su web, por si alguien más se anima.

¡Ah! Y feliz año a todos.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Sorprendente Cádiz







He aprovechado uno de mis pocos días de vacaciones navideñas para pasear como un turista por Cádiz. Hace muchos años que no me daba ese placer, iba siempre a tomar unas cañas, a cenar, a la playa, a ver a Gema... Esta vez decidí pasear, ver todo eso de lo que he oído hablar en los últimos tiempos, y también volver a otros lugares que apenas mantenía en el recuerdo.

Lo primero fue la Punta de San Felipe, donde descubrí los dobladillos tan de pequeño, que ni recuerdo cuándo. El dobladillo: tan sencillo como rico bocata de caballas de lata con rodajas de tomate y mayonesa. Y aquello ha cambiado, los rellenos de tierra sobre el mar han transformado la configuración del lugar, pero en esencia sigue siendo el extremo de la boca del puerto de Cádiz, lleno de pescadores y de gatos esperando la limosna en forma de pescado.

Lo que más me sorprendió, por cómo lo había relativizado en mi memoria, fue el parque Genovés, repleto de plantas cuidadísimas y verdes, muy verdes, en contraste con el albero. Y la cascada... No pude reprimir el impulso de subir a lo alto para ver desde allí el otro extremo de la Bahía.

Otra sorpresa fue el castillo de Santa Catalina, que hasta hace pocos años fue militar y desde su recuperación para la ciudad se ha restaurado y se puede visitar. Y la verdad, creo que es como viajar en la máquina del tiempo. Espero que el castillo de San Sebastián, en el otro extremo de la Caleta, quede igual de bien para el segundo centenario de la Constitución de Cádiz, en 2012.

El Campo del Sur, las catedrales, el teatro romano –sigue siendo mi asignatura pendiente– me recuerdan que tengo que ir más por allí. El día se me hizo corto y ya sólo pude visitar la casa del Obispo, que es como cortar transversalmente el terreno para ver la historia de Cádiz, y subir a la torre de Poniente de la catedral. Muchos metros de subida en rampa, que se hacen cortos por los ventanales que se van interponiendo en el camino, y al llegar arriba, la sensación de tener a la ciudad en las manos, que te hace sentir el malo de una película de terror gracias a la tenebrosa voz en off que, desde un altavoz, te cuenta la historia de lo que desde allí se puede ver.

Para coronar todo esto, y antes de tomar un café en casa de Gema, pescaíto frito en Las Flores, el mejor broche de un día en Cádiz.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Vuelta a mi estrés (del bueno)

Quien me conoce sabe que no puedo andar quieto, así que se podría decir que vuelvo a mi estado natural. Después de un par de meses de desintoxicación de mi anterior trabajo, esta semana he vuelto a una redacción, la de Control Publicidad, revista con la que colaboro habitualmente y en la que voy a cubrir una baja por maternidad durante los próximos meses.

He llegado en pleno cierre y, por si fuera poco, ayer, el mismo día que empecé allí, asistí a mi primera clase de Historia del Arte en el instituto, en el nocturno, para que me dé tiempo a todo. No, no vuelvo a hacer COU, iba como profesor en prácticas del CAP, otro entretenimiento que me he buscado y que este sábado me llevará por tercera vez de 9 a 14 horas a Somosaguas. Vamos, que me levantaré a las siete de la mañana.

Así que tendré que esforzarme por mantener alimentado este blog que, según el Analytics, reclama su dosis de letras más o menos frecuente para no caer en el olvido de mis poquitos lectores. Además, intentaré contar cosas interesantes y no seguir hablando de mí, que no creo, la verdad, que lo sea mucho. Trataré también de no excederme contando anécdotas sobre las maltratadas salas de cine, que Santiago ya me ha llamado la atención.

La verdad es que tengo más buenas noticias sobre mí y mi futuro, y ésas sí me apetece contarlas, pero prefiero hacerlo cuando sean presentes, y para eso me toca currar bastante para llegar a mayo con el trabajo a punto.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Buenas noticias


Hay días, semanas e incluso meses en los que no pasa nada, nada que se pueda destacar, como si la vida fuera un pasar el rato. Y de pronto, todo empieza a ocurrir. La verdad es que no creo en la Navidad, aunque, por supuesto, me encanta el hecho de reunirme con mi familia alrededor de la Nochebuena, y también hacer algo especial con los amigos en Nochevieja. Pero a la vez son fechas un poco tristes porque, por la misma razón, te acuerdas más de la gente que ya no está. En fin, no me voy a poner sentimental y voy a presumir un poco.

El sábado me llegó un correo de lo más inesperado. Era Vanesa, compañera del instituto Santa María del Rosario, de Cádiz. Me había localizado por casualidad, a través de este blog, cuando buscaba cosas sobre Obama. Vanesa fue una gran amiga, incluso tuvimos nuestra época de novietes, éramos cómplices de todo lo que pudiéramos urdir, siempre enredando. Nos separamos en COU, cuando yo me fui a vivir a Chiclana y ella a Benalup. Nuestro último encuentro fue en la selectividad, y desde entonces me he preguntado muchas veces qué sería de ella. Y ahí está, en su pueblo, tan loca como siempre a juzgar por lo que me cuenta. Tenemos una cita desde que estábamos en el instituto, como en las películas ñoñas: “Dentro de equis tiempo, tal día a tal hora, quedamos en Canalejas y nos contamos qué es de nuestras vidas”. Y se acuerda como yo, así que quizá la hagamos realidad esta Navidad. La foto, por cierto, es del puerto de Cádiz visto desde Canalejas, muy cerquita del Rosario, como lo llamábamos.

A todo esto, mi experimento como periodista freelance parece funcionar a medio gas. Mientras busco instituto, esta vez en Madrid y como profesor en prácticas para sacarme el CAP, hoy me ha salido una sustitución por maternidad en Control Publicidad, uno de mis clientes, así que los próximos cuatro meses, más o menos, los voy a tener más ocupados de lo habitual, y mi búsqueda de instituto se reduce a los que tienen clases por la tarde.

También hoy me he encontrado a Ángel. Iba yo de camino a la estación de Príncipe Pío, a sacarme los billetes de tren para las fiestas. Y veo a Angelito y se me copia su cara de sorpresa. Le pregunto cuándo salen mis colaboraciones para Yo Dona, y me confiesa que la primera ya salió el sábado pasado. Después del tirón de orejas, me promete que me guardará un par y me enviará el pdf.

Y para terminar, ayer contacté por fin con la editorial para hablar de mi libro, pero de eso me da más miedo hablar. Este proyecto ya se atascó una vez y prefiero contarlo cuando sea real. Por ahora, sólo sé que están interesados y el martes, cuando el editor vuelva de la feria de Guadalajara, pondremos fecha a una reunión. Agradeceré que crucéis los dedos por mí.

Bueno dos cositas más: por fin casi hemos cerrado otro número de Crónicas Helvéticas, y Toni, otra novieta de mi juventud, ha sido mamá de Alejandro. ¡Felicidades!

sábado, 29 de noviembre de 2008

Una de cine

Me puede la responsabilidad. No puedo presumir de que me sobre el trabajo, pero lo cierto es que en las últimas semanas no he tenido respiro, de ahí que haya abandonado sin piedad este blog desde la feliz noche del 4 de noviembre.

Apenas he ido al cine, sólo Retorno a Brideshead, sin incidencias destacables entre mi adorado patio de butacas, como otras que ya he contado aquí o las que ahora me vienen a la cabeza. El cine es una de mis aficiones predilectas, aunque no le llego a la suela a la gran devoradora de películas, Cristina. Ella, además, tiene más paciencia que yo, y quizá no aprecia los despropósitos que a mí me sacan de mis casillas. Se mete en la película, se abstrae y disfruta como nadie.

Yo no puedo, al menos cuando una pareja joven se atreve a ir a la sesión de madrugada para ver el episodio II de La guerra de las galaxias –completamente verídico, lo viví yo mismo– con un bebé que no había cumplido los dos meses y que estuvo berreando hasta que, seguro que pensando en ellos mismos y no en el bebé ni, por supuesto, en los otros seis u ocho espectadores que allí estábamos, decidieron marcharse, más o menos a la mitad.

¿Será que voy mucho al cine? ¿O es que hay mucho indeseable suelto? O peor aún, me tocan todos a mí. Porque, sigo contando vivencias propias, una de las últimas veces que fui al cine que luego se convirtió en Verdi, con Nela sentada a mi derecha, a mi izquierda se colocaron tres señoras de mediana edad y empezaron a hablar y no pararon ni cuando una de ellas, sin inmutarse, comenzó a soltar sonoros gases. Sólo una de ellas perdió el hilo de la conversación. Fue cuando comenzó a sonar su móvil y, sin prisa, descolgó, respondió, y fue saliendo de la sala, tranquilamente, mientras hablaba.

martes, 4 de noviembre de 2008

Ánimo, Barack


La suerte está echada, casi. Con participación récord en un país tradicionalmente abstencionista, hoy es el primer día del fin de la era Bush. Hasta el 20 de enero, el todavía presidente seguirá haciendo de las suyas, y aunque él cree que podrá manejar a sus anchas la cumbre financiera del próximo día 15, está claro que el vencedor de hoy tendrá mucho que decir. Máxime si se trata, como parece, de Barack Obama.

Si todo sale como el mundo entero sueña (excepto en Estados Unidos, que es justo donde se vota), John McCain será la última víctima importante del peor presidente que ha tenido ese país. Y es que por mucho que hayamos criticado a McCain, por muy desafortunada que haya sido su elección de vicepresidenciable y por más que temamos la continuidad republicana en la Casa Blanca, los estadounidenses están votando hoy más contra Bush que contra McCain.

En el lado demócrata, por cierto, han tenido la suerte de contar con un candidato que ha sabido llevar la ilusión a la gente, ha sido capaz de juntar a 200.000 personas en un mitin en Berlín, ha batido récords de recaudación –está ayudando a pagar las deudas de la campaña de Hillary Clinton–, ha atraído a las urnas a los jóvenes –que no suelen votar–, ha hecho olvidar los prejuicios raciales... Si no fuera así, aún les podría pasar como hace cuatro años, cuando John Kerry, a pesar de liderar las últimas encuestas, se desplomó en la única que valía para gobernar, la del primer martes después del primer lunes de noviembre.

Pase lo que pase durante esta larga noche que aún tenemos por delante, George W. Bush se irá por fin de la Casa Blanca, con el rabo entre las piernas, víctima del escarnio público desde hace unas semanas, cuando desapareció de la campaña electoral y los medios le acabaron de perder el respeto. Acaba una era lamentable, que comenzó con el escándalo de las papeletas mariposa que le dieron la victoria frente a Al Gore. Siguió con su pésima gestión de la lucha antiterrorista, que convirtió al desconocido y marginal Osama Bin Laden en el hombre que se burló de Estados Unidos. No ya por el 11-S sino porque logró que se metieran en el fregado de Irak, engañando al mundo sobre las armas de destrucción masiva y la supuesta complicidad de Sadam Husein con este siniestro personaje, que es algo así como decir que Hugo Chávez financia a los piratas que secuestran petroleros frente a las costas de Somalia.

Lo que ahora empieza es enormemente esperanzador, tanto porque supone el fin de Bush como porque Obama es un gran creador de ilusión. Espero que no se quede en eso y que sea capaz de sobrellevar la poco grata tarea de enderezar el entuerto. Francamente, me importa un pimiento que Estados Unidos deje de ser la primera potencia; me preocupa cuál será la que lo reemplace o si habrá un orden plural, un poquito de justicia y respeto entre los países. Me preocupa la puñetera crisis económica que sigue engordando más por falta de confianza de los bancos –entre ellos y, sobre todo, hacia los solicitantes de créditos– que por una falta de liquidez real o por falta de iniciativa o de ganas de trabajar.

viernes, 31 de octubre de 2008

Creactiva Cádiz 2008


Ferias y muestras hay para todos los gustos. Y en una ciudad como Madrid, las hay todo el año, y se solapan, algunas fantásticas, como la del libro antiguo y de ocasión en el paseo de Recoletos, donde el otro día me quitaron de las manos un Quijote de 1901 en dos tomos. De las espantosas no voy a hablar, pero he visitado más de una, casi siempre por trabajo. Y también están las que desaparecen por incomparecencia, como ha ocurrido este año con el Simo. Caminando por la capital, ya desde octubre y hasta bien pasadas las fiestas navideñas, las plazas se llenan de ferias de artesanía y similares –cerca de mi casa he contado tres la última semana–.

Lo que es menos habitual es encontrarse con una nueva feria en mi tierra, en Cádiz. Y es gratificante descubrir una muestra que reivindica el diseño hecho en Cádiz como partícipe de la actividad económica. El diseño está en los logos de las empresas, en las cartas de los restaurantes y en las paredes de los locales; está en el cine y en el género que compramos en las tiendas; ahora invade los baños de los hoteles y se cuela por internet en nuestras casas.

Por iniciativa de dos asociaciones, los diseñadores pueden mostrarse en este escaparate que nace para repetirse cada dos años. Se llama Creactiva y se celebra los días 6, 7 y 8 de noviembre en un espacio envidiable: las bóvedas de Santa Elena, en las murallas que dan paso al Cádiz antiguo y que frenaron a los franceses que hace ahora 200 años trataban de convertirnos en una provincia de Napoleón.

Va a haber danza, teatro, moda, gastronomía, fotografía... Pues eso, diseño, y con acceso libre, porque de lo que se trata es de despertar la creatividad y contribuir de alguna forma a la generación de riqueza en una tierra llena de iniciativa pero que se va vaciando de gaditanos, que tienen que emigrar en busca de trabajo. Para que eso no siga sucediendo, esta es una gran iniciativa.

Si quieres saber más: www.creactivacadiz2008.com

miércoles, 29 de octubre de 2008

Angustia en el cine

Me resistía a ver Camino. Últimamente mi estado de ánimo me pide ver películas divertidas o que, al menos, me distraigan un ratillo. Pero me convencieron y allí que fui, a los Princesa, dispuesto a conocer la interpretación que Javier Fesser hace de la vida y la muerte de esa niña a la que ahora quieren hacer beata.

Primero, el suplicio ya inevitable, que ha alcanzado sin remedio incluso a los cines de versión original: al tercer tráiler, me pide paso el primer retardado y, sin llegar a sentarse, decide buscar otro sitio y me pide paso de nuevo. Comienza la película, sigue llegando gente a la que le da igual perderse la primera escena, sin saber que el comienzo tiene un importante paralelismo con el final. Mi indeciso compañero de butaca, apeado por los tardones, no tiene más remedio que volver a molestarme para regresar a su asiento inicial. La misión concluye con éxito: los crispacines ya han terminado de sentarse y yo he logrado reprimir una vez más mi enfado sin increpar a nadie.

¡Espera! Ya estoy relajado, la peli debe de llevar cinco o diez minutos y llega otro tardón, acompañado del acomodador. Se quedan ahí entre las filas cuatro y cinco, miran con desdén a quien se supone que ha usurpado su asiento y, ¡eureka!, cuando el acomodador vuelve a mirar la entrada, se lamenta: “¡Sala 9, sala 9!”, y los dos se van corriendo, dejando atrás los escasos restos de neuronas que les quedaban, definitivamente inutilizadas.

Así que aquí estoy yo, que iba a escribir sobre lo angustioso de la película de Fesser y termino tratando sobre lo angustioso de esa gente –y estoy reprimiendo muchos adjetivos– que, invariablemente, fastidian los comienzos de las películas por un evidente egoísmo. Y no digamos ya aquellos que se creen en el salón de su casa o en el bar de la esquina, y no paran de hablar. O los tres guiris que, en el Renoir Princesa, este verano, aplaudieron y silbaron emocionados una de las muertes –no diré cuál para no destriparla– de Niebla de Stephen King.

Mención aparte merecen los Acteón: me da la impresión de que muchos extranjeros piensan que es de versión original y, una vez comienzan los diálogos en la pantalla, se abre la veda para el jolgorio y la fiesta, cuando descubren que no se van a enterar de nada.

Por cierto, Camino me pareció fantástica, sólo que hay que estar preparado y saber a lo que se va. Los actores son tan convincentes, que muchos de ellos se hacen odiosos a ojos del espectador, y la protagonista te hace sentir su estado de ánimo con tal empatía, que el nudo en la garganta se hace perenne. Entiendo que a los miembros y simpatizantes del Opus les haya molestado la película; no sólo los pone de vuelta y media, sino que termina haciendo mofa de ellos.

Nota: no la veas si luego has quedado con amigos para cenar o para salir.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Y dale con la crisis


La economía no es precisamente uno de mis temas favoritos. Es de las secciones que paso más rápidamente cuando leo el periódico. Así que ahora que la crisis económica invade las otras secciones –hasta Briatore hablaba de cambios en la Fórmula 1 para no sucumbir a ella–, tardo menos en leer las noticias. Por eso es posible que diga cuatro burradas aquí, pero ahí van, con la osadía del que sabe que tiene pocos lectores, por el momento.

Para empezar, lo más osado lo dije, al parecer, ya antes de las elecciones generales, cuando aseguraba a quien me quería oír que la crisis era ficticia en España, que desaparecería al terminar el recuento de los votos. A pesar de todo, me permito seguir defendiendo en cierto modo esa postura, porque creo que la razón auténtica de la crisis en este país es la desconfianza –de bancos, de empresarios y de consumidores–.

Es cierto que hay una crisis real producida por la codicia de algunos bancos. Eso ha empezado en Estados Unidos, y creo que todavía no he oído suficientes críticas a Alan Greenspan, el que era el todopoderoso y admiradísimo director de la Reserva Federal cuando todo esto comenzó. Están todos ocupados en seguir mofándose de Bush, haciendo más leña del árbol caído ahora que ya no tiene margen de maniobra. Que sí, que también, pero es que sólo hay que ir a la hemeroteca para ver cómo a tantos analistas se les hacía la boca agua con lo bueno que era Greenspan, qué listo, qué haremos cuando se jubile...

Cierto es también que la consabida globalización ha contagiado a otras economías, que muchos bancos de otros países habían comprado basura de los bancos estadounidenses y ahora sufren las consecuencias. Pero ¿cuál es la verdadera crisis que hay en España? La verdadera crisis, creo yo, consiste en que cualquier ciudadano medio que vaya al banco a pedir un crédito no lo va a obtener ni poniendo sus valores inmobiliarios como aval: los bancos quieren líquido, no quieren llenar sus activos de propiedades embargadas porque de ésas ya van a tener seguro. Hasta hace poco más de un año, te podían dar una hipoteca hasta ¡a 50 años! incluso con una nómina de un contrato por obra. Ahora todo eso se les atraganta, y no dan créditos y por eso, más que por otra cosa, no se venden coches, no se venden casas y no se gasta en nada que pueda salirse del presupuesto ordinario de un ciudadano medio.

Mientras, el ciudadano medio coge miedo y, claro, no se atreve a comprarse el piso con el que soñaba –y si se decide, el banco no le da el crédito–, pero sí que sale a cenar y se va de compras. Puede que viviendo en el centro de Madrid, mi visión esté un poco empañada, pero he hecho el experimento varias veces, incluso un miércoles, y no he conseguido cenar en un restaurante sin reserva, ¡y mira que hay unos pocos!

Otro punto de la crisis, y ahí sí que hay víctimas de verdad, es el capítulo euríbor, el interés de los préstamos que se hacen los bancos entre sí. Me cuesta entender que los bancos quieran evitar los impagos y sigan subiendo este interés hasta niveles que casi me atrevería a calificar de usura. Mientras la falta de crédito y confianza empuja a los trabajadores al paro, las hipotecas de muchos de ellos suben hasta niveles insoportables. Yo mismo pago un 25% más que hace dos años.

Dicho esto, es posible que haya una segunda parte de este tedioso texto, porque aún no he hablado de la burbuja inmobiliaria, del millón de pisos nuevos que no se venden ni se van a vender en mucho tiempo ni de otros aspectos de esta crisis que, cuando a los bancos se le pase el miedo atroz que nos han cogido, nos habrá dejado con poco más que lo puesto.

sábado, 11 de octubre de 2008

Ese Cádiz, oé


Era una asignatura pendiente. Mi amiga Gema, de Cádiz, ya me habló de estas cuatro chicas hace tiempo, especialmente de Tere (Teresa Quintero), con la que ha compartido piso y vivencias. Habían traído su espectáculo, Chirigóticas, un par de veces a Madrid, creo que a Leganés, y una tercera, en el puente de mayo de este año, al Alfil. Su éxito les brindó un contrato para volver a este teatro en septiembre por unas semanas que se han ido prorrogando. Hasta el 19 de octubre permanecerán en cartel.

Ayer, por fin, fui a verlas. Me senté en la tercera fila con una cervecita en la mano. Para mis adentros, temía que esta exportación del humor gaditano no fuera del todo entendida por el público, como ocurre muchas veces con las chirigotas carnavaleras, con temas en ocasiones muy locales y un acento que roza el dialecto. Pero pronto comprobé que el texto ha sido sabiamente elaborado para sumarse a la gracia innata de las cuatro actrices y alcanzar el éxito que las ha traído hasta aquí.

Yo buscaba a Tere, ese físico tan característico que aún recuerdo del colegio, yo que iba a un curso superior y que siempre he sido tan horroroso para recordar las caras. Pero su perfil y ese pelo extremadamente rizado y esférico, a lo Gloria Gaynor made in Cádiz, son inconfundibles, una seña de identidad. Por sorpresa, me encontré allí –no había reparado en el cartel– a la Macu (Pepa Rus), la novia del Luisma de Aída, que ha sustituido en esta etapa a Arantzazu Garrastázul. Y no por menos conocidas puedo olvidar a sus dos compañeras de reparto, las hermanas Ana y Alejandra López Segovia. Las cuatro conforman un conjunto genial que igual parodia canciones de éxito de todos los tiempos con sus letras mordaces, que se lanzan a vender, cual mercadillo ambulante, bragas, pijamas y otras prendas que te invitan a probarte en su fregoneta.

En uno de los capítulos de la próxima temporada de Aída veremos a Tere. Una oportunidad para que la conozcan los que no hayan visto Chirigóticas. Confío en la generosidad de los guionistas para que nos dejen disfrutar, acomodados en el sofá, de esta peculiar actriz gaditana.

Para saber más sobre ellas, www.chirigoticas.com

viernes, 10 de octubre de 2008

Emigrantes suizos


Después de cinco años escribiendo y editando para Crónicas Helvéticas, aún hay gente que me pregunta si el tema hispanosuizo da para tanto. Y llama la atención, pero sí. El año pasado tuve el honor de entrevistar a la presidenta suiza, y ahora, sin ir más lejos, estoy escribiendo sobre uno de mis temas favoritos, la guerra de la Independencia. El que me ha llevado hasta ahí ha sido Teodor Reding, uno de los principales artífices de la victoria en 1808 de las tropas españolas sobre las francesas en la batalla de Bailén, que supuso la primera derrota de Napoleón en campo abierto.

Los suizos, que durante muchos años del siglo XX recibieron a inmigrantes españoles e italianos y que ahora están conociendo el fenómeno de la inmigración ilegal, fueron durante siglos emigrantes, y en su mayoría se dedicaban a engrosar las filas de los ejércitos extranjeros. A España llegaban, de forma ordenada por acuerdos de la monarquía con los cantones católicos, para formar parte de regimientos suizos –hasta doce llegó a haber-– en los que mantenían su vestimenta, su organización y sus tácticas.

Teodor Reding llegó a España con 16 años (otras fuentes dicen que con 14) y en 1808, ya con 53, era general y gobernador de la provincia de Málaga, donde más de 150 suizos habían dejado su vida unos años antes luchando contra las epidemias de fiebre amarilla. Entre los seis regimientos suizos que había en España entonces, apenas hubo supervivientes en la guerra contra Francia. Fueron seis años, hasta 1814, porque aunque la batalla de Bailén fue la primera prueba que obtuvo Napoleón de que no era invencible, no sirvió para vencer la guerra.

Ahora una estatua en homenaje a Reding, que murió en Tarragona en 1809, se alza en la plaza que lleva su nombre en el pueblo jiennense de Bailén, y yo, como gaditano, me pregunto si Cádiz habría resistido tantos años a los intentos de invasión de los franceses sin aquel muro de contención que no sólo paró la hasta entonces cómoda marcha de cerca de 20.000 hombres, sino que derribó la arrogancia y la vanidad de un ejército que, como tantos otros antes y después que él, creyó que el mundo acabaría rendido a sus pies.

Lástima que nuestros antepasados no tuvieran reflejos para frenar el regreso de Fernando VII, uno de los reyes más nefastos de nuestra historia.

Para saber más sobre Reding, recomiendo visitar voluntariosbatalladebailen.blogspot.com, de donde he tomado prestada la foto.

viernes, 3 de octubre de 2008

Gente indeseable

Parece mentira que haya gente en este mundo tan egoísta que no piense en el daño que hace a los demás. Es el caso de mis vecinos de abajo, que instalaron un aparato de aire acondicionado y colocaron la unidad externa ¡a un metro y medio de la ventana de mi dormitorio! ¿Increíble? Aquí podéis ver la foto. No es un montaje, es la cruda realidad.

Por si fuera poco, se trata de un estudio de arquitectos, y pretendían convencerme de que lo que hacían era legal. Si todo lo hacen así en este estudio (po2 se llaman), temo que el problema de la aluminosis pueda quedar en anécdota.

Y ¿por qué no lo quitan? Pues porque las cosas de palacio van despacio, y el Ayuntamiento de Madrid tiene mi denuncia desde julio de 2007, cuando mis intentos de llegar a un acuerdo con mis vecinos se toparon con un “es tu problema”.

Tras varias denuncias posteriores, aún me dicen en la Junta de Distrito que tendré suerte si para el próximo verano (hablamos de 2009) han tomado una decisión. Todos los que ven las fotos que adjunté a la denuncia tienen muy claro que habrá que desmontar ese aparato, pero sólo un jurídico para todo el distrito Centro de Madrid (según me han dicho en la propia Junta) se encarga de todas las denuncias por aires acondicionados, terrazas, veladores, cornisas y no sé si algo más; para más inri, hace más de un mes dejó su puesto y siguen esperando a que sea cubierto por un nuevo funcionario.

Quién sabe si por eso me han vuelto mis alergias, que creí superadas hace ya 20 años. En fin, sólo espero que si vuelvo a ver la cara de estos indeseables, sea cuando vengan a desmontar ese terrorífico aparato. Y que sea pronto, por favor.

martes, 30 de septiembre de 2008

Vida nueva














La verdad es que cuando visito blogs por la red, me encuentro con muchas declaraciones de intenciones (lo voy a actualizar, estaré pendiente...) y, a la hora de la verdad, mucho descuido. Hoy, dos años después de inaugurar este regalo que me hizo Cristina por mi 33 cumpleaños, me subo al carro de los dispuestos a mantener un blog más o menos al día.

No me faltan razones para afrontar este pequeño reto con ilusión. Mi vida laboral ha experimentado un esperado cambio y por fin he dejado un trabajo que me estaba absorbiendo la vida y la salud. Me dispongo a trabajar como auténtico autónomo (llámese freelance en este anglosajonizado mundo) y ya he comenzado la búsqueda de clientes. Algunos de ellos ya están incluidos en los enlaces de este blog, y espero que la cartera siga creciendo. Al fin y al cabo, el periodismo es lo que siempre he querido hacer, así que quien cuente conmigo no se arrepentirá.

miércoles, 13 de septiembre de 2006

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Este texto ha sido incluido por cortesía de Rubén Colomer.

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